En busca de la dignidad perdida

30 marzo 2009
Gil Loescher expone sobre refugiados en el Tribunal Superior del Trabajo en Brasilia (Foto: Antônio Pureza/ASCS-TST)

Gil Loescher expone sobre refugiados en el Tribunal Superior del Trabajo en Brasilia (Foto: Antônio Pureza/ASCS-TST)

El Profesor de Oxford expone sobre el refugio prolongado, en la conferencia patrocinada por el British Council en Brasilia

* Carolina Montenegro

“Para Sérgio Vieira de Mello, restaurar la dignidad de los refugiados, de sus comunidades y de sus naciones era el mayor trabajo humanitario de la ONU”. En una de sus últimas frases durante la conferencia de este jueves en Brasil, el americano Gil Loescher apuntó el camino y el tamaño del desafío para trabajar con una de las mayores crisis humanitarias mundiales: la de los desplazamientos prolongados.

Profesor del Centro de Estudios de Refugiados de la Universidad de Oxford, Loescher es uno de los mayores especialistas del mundo en derecho internacional humanitario y protección de refugiados. Vino a Brasil esta semana para cerrar un ciclo de seminarios en homenaje al brasilero Sergio Vieira de Mello, alto comisionado de la ONU que murió en un atentado con bomba en Irak hace cinco años. Loescher también estaba en la oficina que fue el objetivo del ataque y sobrevivió, pero otros 21 funcionarios de la organización murieron.

Loescher tuvo las piernas paralizadas por el incidente, pero mantuvo su voz activa. En Brasilia, debatió el refugio prolongado, tema de su libro más reciente y fruto de años de investigación en el área y de visitas a campos de refugiados en todo el mundo.

“Cerca de dos tercios de los refugiados del mundo viven en situación de refugio prolongado, que la ONU define como poblaciones por encima de 25 mil personas viviendo en exilio por más de cinco años”, explicó Loescher.

Según el académico, solo recientemente la cuestión comenzó a ganar espacio en la agenda pública. “Solo ahora la comunidad internacional comienza a ver que trabajar con la situación del refugio prolongado es crucial para contener la inseguridad y promover la paz duradera en estados frágiles, victimados por constantes conflictos internos” afirmó.

Loescher conoció de cerca por primera vez la realidad de las situaciones de refugio prolongado cuando visitó el campo de Dadaab en Kenia en 2001, donde somalíes viven desde hace años huyendo de la violencia, del hambre y de la sequía en el país vecino. “La mayor parte de esas personas viven en situación precaria, en un limbo permanente, son generaciones de familias que están siendo criadas en campos de refugiados”, cuenta.

Montados en 1991, con capacidad para albergar a 90.000 personas, los tres campos de refugiados de Acnur (Agencia de las Naciones Unidas para Refugiados) en Dadaab tienen hoy cerca de 250.000 somalíes. Y los números no dejan de crecer: en 2008, 65.000 somalíes buscaron refugio en Kenia, contra 19.000 en 2007.

Loescher denunció también la falta de perspectivas de los refugiados en una situación como esta y el derecho de libertad de movimiento y de trabajar que les es negado por las propias circunstancias de la vida en el campo de refugiados por años. Los impactos psicológicos de esta situación permanente se reflejan en el aumento de casos de violencia y suicidios entre refugiados.

“Los refugiados son vistos como un peso, en vez de tener su potencial aprovechado”, dice. Él destacó que involucrar y capacitar a los refugiados en trabajos de infraestructura y comercio dentro de los mismos campos, puede contribuir para fortalecer la economía local y ayudar a cambiar la escena política de los países de donde vinieron.

Por coincidencia, Loescher había ido a la oficina de la ONU en Bagdad para conversar con Vieira de Mello, en agosto de 2003, justo sobre la situación de los refugiados iraquíes que habían huido para Siria y Jordania, luego de la invasión de los Estados Unidos. “Yo ya había hecho varias visitas a la región y los iraquíes siempre me preguntaban si un día podrían volver seguros a su país”, cuenta el profesor americano sobre el conflicto que generó otra situación de desplazamiento prolongado.

“Mucho aún puede hacerse, y necesita hacerse, para cambiar todo esto. Sergio pasó la mayor parte de su carrera ayudando a los refugiados, fue una persona ejemplar. Y fue el coraje y la esperanza de tantos refugiados que conocí que me dieron el coraje y la esperanza para recuperarme después del atentado. Si creemos en los refugiados y en los ideales de Sergio Vieira de Mello no podemos permitir que las situaciones de desplazamiento prolongado continúen”, finalizó Loescher, bajo los aplausos.

* Reportera Especial Refugees United

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En el país del fútbol

18 marzo 2009

Fernando Herrera, Ali Abu Taha y Solomon Kallon son los más destacados del equipo Brazsat  (Foto: ACNUR/ L.F.Godinho)

Fernando Herrera, Ali Abu Taha y Solomon Kallon son los más destacados del equipo Brazsat (Foto: ACNUR/ L.F.Godinho)


Tres jóvenes refugiados se convierten en estrellas del equipo patrocinado por la ONU en Brasil

Por Carolina Montenegro*

Ser jugador de fútbol. El sueño de 10 de cada 10 chicos brasileños, es el mismo que el de muchos extranjeros que vienen de lejos y adoptan al país como su nueva patria. Prueba de que Brasil puede ser pentacampeón, pero la pasión por la redonda une a personas en todo el mundo.

Desde pequeños, el palestino Ali Abu Taha, el colombiano Fernando Herrera y el africano Solomon Kallon juegan a la pelota. Pero al contrario de los brasileños, los tres también compartían otra realidad: vidas devastadas por la guerra que los forzaron a dejar sus países. Y encontraron refugio en Brasil y en el fútbol.

Este lunes en Brasilia, Taha, Herrera y Kallon fueron oficialmente anunciados como jugadores del Brazsat, una asociación inédita con el Acnur (Alto Comisariado de las Naciones Unidas para Refugiados). “Es la primera vez que el símbolo de la agencia de la ONU estará estampado en la camiseta de un equipo de fútbol en el mundo”, dice el representante del Acnur, Javier Cienfuegos, durante el evento de lanzamiento de la asociación.

“Siempre que seguí los juegos de la selección brasileña, hinchaba por Brasil y no por Irak en la Copa”, cuenta Taha (19), que nació en el país árabe, pero mantuvo la nacionalidad palestina como la de sus padres. Él llegó a Brasil en 2007, junto con otros 106 palestinos, después de pasar cinco años en un campo de refugiados en Jordania.

Sus padres y sus hermanos fueron atendidos por el programa de reasentamiento solidario de Acnur y viven hoy en Mogi das Cruzes, São Paulo. “Juego en Brazsat, aquí en Brasilia desde el año pasado, cuando un amigo mío, periodista, me recomendó al club”, dice Taha.

Bromista, cuenta que ya extraña la capital cuando vuelve a São Paulo y que está muy feliz. No revela su salario en el equipo, pero afirma que “da para ayudar a sus padres y aún sobra un poquito”. Sobre los planes para el futuro hace menos reservas: “por el momento, quiero crecer en Brazsat y después mi sueño es jugar fuera, en la selección de Palestina”.

Los otros dos jóvenes refugiados aún están en etapa de prueba en el equipo y viven en Brasilia desde hace menos de una semana. Fernando Herrera (15), salió de Colombia con la familia, por causa de la violencia de las guerrillas armadas. “Primero fuimos a Costa Rica y de allá vinimos para Brasil”, explica.

Herrera comenzó jugando en el Inter, cuando vivía en Rio Grande do Sul. Admira al atacante brasileño Ronaldo y al colombiano Valderrama. “Pero si tuviera que elegir una selección, juego por Colombia”.

Kallon (20), sueña con algún día jugar fútbol en Europa. “Pero esta vez acierto el camino, y voy en avión”, bromea. Esto porque hace cinco meses él embarcó en un barco en Sierra Leona, que en vez de ir a Europa acabó en Santos, São Paulo.

“Embarqué con un grupo de amigos, en busca de una vida mejor, pero no sabía que vendría a parar a Brasil”, cuenta Kallon que dejó a un hermano en Freetown sin noticias de su paradero. “Perdí a mis padres, solo quedamos nosotros dos, pero él ni sabe que estoy vivo hoy, después de haberme subido a ese barco. No pude reencontrarlo más”, lamenta el jugador que inició su carrera en el principal equipo de fútbol de su país, el Kallon Futebol Clube.

La asociación entre Acnur y Brazsat forma parte de la campaña Ninemillion.org de la agencia de las Naciones Unidas, que promueve la educación y el deporte para cerca de nueve millones de chicos y jóvenes refugiados en todo el mundo. Y cuenta con el apoyo de asociados corporativos del Acnur como Nike y Microsoft, entre otros.

* Reportera especial Refugees United