
La familia Hani, de Mauritania, vive refugiada en París. Sus opciones para sobrevivir son escasas, lo que dificulta su estabilidad. (Foto: Claudia Núñez/La Opinión)
De capitán de un Ejército, Oumar Hani pasó a ser un sencillo guardia de seguridad en un país extranjero, un cambio que no lamenta, pues de haberse quedado en Mauritania, su tierra natal, probablemente hoy estaría muerto.
Oumar, su esposa y sus 10 hijos forman parte del gigantesco y creciente número de desplazados por la violencia. Sin embargo, hoy estos asilados, algunos como los Hani que vivieron amenazas de muerte y tortura, son ahora las víctimas más vulnerables de la crisis económica y de los grupos antiinmigrantes que los culpan de saquear los trabajos que les corresponden a los nacionales.
“El sentimiento antiinmigrante nos ha afectado mucho. Las donaciones bajaron considerablemente en los últimos dos años porque las personas encuentran más empatía en ayudar a otros grupos que a organizaciones que ayudan a los inmigrantes,” explicó Christophe Piedra del centro de refugiados para inmigrantes La Cimade, en París.
Con apoyo de La Cimade, Oumar vive ahora en un diminuto apartamento no mayor de un cuarto de oficina que comparte con su esposa. Sus 10 hijos están en habitaciones similares.
Al salir del centro debe portar una tarjeta de identidad que lo cataloga como refugiado, ya que en los últimos meses la policía local ha implementado puestos de revisión en busca de inmigrantes indocumentados.
Los pies y las manos de Oumar aún conservan las señas de tortura que padeció; sin embargo, hoy su miedo es otro: cómo hará para mantener a su familia una vez que deban salir del refugio.
De entre sus 10 hijos, él es el único que ha conseguido trabajo. “No sé qué voy a hacer”, dice.
A millas de distancia otros refugiados africanos, iraquíes, colombianos enfrentan el mismo temor.
Estados Unidos es el país que más asilados recibe en todo el mundo, una suma que para 2010 se espera que sea de 80,000 personas.
“Nuestra misión es buscarles trabajo, casa, pero cómo frente al naufragio de nuestra economía”, afirmó Melissa Winkler, portavoz de International Rescue Committee, una organización que ofrece asistencia a refugiados de todo el mundo que llegan a EEUU.
Como muestra de la preocupante situación, California, el estado que más asilados recibe, es hoy también el que enfrenta las tasas de desempleo más alta de toda la nación.
De acuerdo con el reglamento actual, los asilados deben recibir asistencia laboral inmediata, a fin de que logren su autosuficiencia. Mientras tanto, el gobierno federal les concede 800 dólares durante un período de ocho meses. Después, según los estatutos, deberán ser independientes económicamente.
Contrario a la creencia popular, miles de estos refugiados son altamente calificados y cuentan con títulos universitarios.
Oumar en París, de haber sido capitán, debe hoy conformarse con resguardar pequeños comercios y barriadas. Iraquíes, con altos grados educativos, y colombianos con doctorados están ahora en incapacidad de encontrar trabajo en sus profesiones.
“Es muy lamentable. Antes éste era para ellos el país de las grandes oportunidades; ahora sin fuentes de trabajo no hay mucho que podamos hacer. Estamos ante el peligro de fallarles en los servicios más básicos para que puedan sobrevivir en el país extraño que les abrió las puertas”, enfatizó Winlkler.
Fuente: La Opinión
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