
Un refugio en el campamento de Mieh Mieh. (Foto: UNRWA)
Por Carolina Montenegro*, en Beirut
“Los refugiados palestinos que viven en el Líbano tienen las peores condiciones de vida de todo el Medio Oriente”, afirma Nadim Houry, analista sénior de Human Rights Watch (HRW) para Siria y el Líbano. La ONG abrió a fin del año pasado su primera oficina en la región, reconocida internacionalmente por los frecuentes casos de violaciones a los derechos humanos.
Actualmente, cerca de 410.000 refugiados palestinos viven en el Líbano, según datos de la UNRWA (agencia de la ONU que presta asistencia a los refugiados palestinos). La suma equivale al 10% de la población total libanesa y la mayor parte de los refugiados vive en el país desde 1948, después de la primera invasión de Israel a los territorios palestinos.
A pesar del número representativo, los palestinos enfrentan desde hace más de 60 años condiciones de vida precarias en el Líbano. No poseen ciudadanía o derechos civiles y tienen acceso limitado a servicios públicos de salud y educación. La mayoría depende completamente de la atención de la UNRWA, que posee 87 escuelas y 25 puestos de salud, esparcidos por los 12 campos de refugiados que existen en el país.
Lo mismo no ocurre en el resto del mundo árabe. “En Siria, la situación de los derechos humanos en general es terrible, pero el gobierno ha sido generoso con los refugiados palestinos como forma de aumentar su influencia en la región y, en Jordania, ellos tienen plenos derechos y son ciudadanos de primera clase”, explica Houry.
Antes de ser investigador en la HRW, el abogado fue miembro de la investigación de la ONU sobre el Programa “Oil-for-Food” (Petróleo por Alimentos), establecido en 1995 para permitir que Irak venda petróleo en el mercado internacional a cambio de productos de primera necesidad y que fuera blanco de escándalos de corrupción luego de ser desmantelado en 2003.

La nueva construcción de la Escuela Secundaria Al-Aqsa en el campamento de Rashidieh, el sur del Líbano. (Foto: UNRWA)
Subempleo
“Los refugiados palestinos son considerados extranjeros y está prohibidos por ley que trabajen en 20 diferentes ramos de profesiones. En el Líbano está vigente una norma de reciprocidad para la actividad profesional, por la cual, médicos italianos, por ejemplo, pueden trabajar en el país, y los libaneses podrían trabajar en Italia también. Pero los palestinos no poseen estado y por eso quedan al margen del mercado de trabajo”, dice Houry.
En la práctica, la búsqueda de empleo en el mercado informal prevalece como alternativa para los refugiados palestinos. “A causa de las prohibiciones, ellos terminan buscando subempleos, trabajan como albañiles y en limpieza y ganan muy por debajo del piso salarial”, explica Benjamin Schuetze, estudiante universitario alemán por intercambio con la Universidad Americana de Beirut (AUB en su sigla en inglés).
Él enseñaba inglés a palestinos como voluntario durante los últimos seis meses en el campo de refugiados de Chatila, en Beirut. En 1982, el lugar fue objetivo de un ataque de fuerzas cristianas falangistas durante la invasión de Israel en el Líbano que resultó con más de 2.000 muertos, la mayoría compuesta por civiles, mujeres y niños. El mismo año, la Asamblea General de la ONU reconoció el episodio como genocidio.
Escena política
Pasaron 27 años, y la situación en los campos permanece caótica. “Los cortes de luz son constantes, falta agua, no hay calles asfaltadas y los jóvenes están desempleados”, cuenta Schuetze. Desde 2005, el gobierno del Líbano instaló un Comité de Diálogo Libanés-Palestino (LPDC, en su sigla en inglés) para promover la mejora de las condiciones de vida de los refugiados, sin resultados efectivos todavía.
El problema fue abordado en un informe reciente del centro de investigaciones International Crisis Group como una de las mayores violaciones de los derechos humanos en el Líbano. “Hoy el tema de los refugiados está intrínsecamente relacionado a las divisiones sectarias libanesas. Los palestinos son en su mayoría musulmanes sunitas y existe el temor de que desequilibren el escenario político del país si fueran naturalizados”, afirma el documento titulado “Cultivando la inestabilidad: campos de refugiados palestinos en el Líbano”.
El 7 de junio, el Líbano realizó elecciones parlamentarias, reconocidas como pacíficas e idóneas por más de 200 observadores internacionales. Es la primera vez que la contienda electoral se da en un día, en vez de prolongarse por cuatro fines de semana, como era costumbre. El escenario de tranquilidad se debió, sobre todo, por la victoria de la coalición gubernamental sobre la alianza liderada por el grupo chiíta Hezbollah.
Desde el asesinato del primer ministro Rafik Hariri en 2005, el Líbano enfrenta frecuentes crisis políticas y el recelo de otra Guerra Civil (1975-90) es una constante en el país dividido entre grupos políticos cristianos, chiítas, sunitas y drusos.
* Reportera Especial Refugees United