Huido de su país, la República Democrática de Congo, Désiré Kizungu Mulinga ejerce como párroco de Ojacastro

Désiré Kizungu tiene a su cargo la parroquia de Ojacastro, pero vive en la casa parroquial de Ezcaray. / F. D.
A pesar de que reconoce que para él, congoleño de piel negra, su vida en España no ha encontrado las dificultades que otros inmigrantes tienen que soportar, Désiré Kizungu Mulinga, párroco de Ojacastro, se emplea a fondo en colaborar con Cáritas para propagar la idea de que “es un primer paso normal que, cuando ves a un inmigrante, ves a una persona que no conoces e intentas protegerte. Pero después, hay que intentar dar un segundo paso, tratar a esa persona y entonces te das cuenta de que es una persona como tú, que tienes mucho en común con él y que juntos podéis tratar de construir juntos la sociedad”.
Afirma que su vocación sacerdotal se le despertó muy pronto, “desde niño ya me interesaba y me gustaba mucho la vida religiosa. Estuve en la parroquia y allí conocí a un sacerdote, luego entré en un seminario menor y descubrí el Carmelo, porque soy carmelita descalzo, y entré en la vida religiosa. Me gustaba la vida dedicada al servicio de Dios y de los demás, porque vengo de un contexto muy diferente. Allí, la iglesia vive una realidad diferente, es muy comprometida y al mismo tiempo es perseguida, porque es prácticamente la única institución que defiende a los más pobres y necesitados”.
Obligado a salir
Sin embargo, fue precisamente esa opción religiosa la que le complicó la vida a Kizungu Mulinga y le obligó a salir como pudo de la República Democrática del Congo, antiguo Congo Belga y después Zaire, dejando atrás a su familia y viviendo una auténtica odisea que, por fortuna, se saldó satisfactoriamente.
Nació en Goma, en la región de los Grandes Lagos fronteriza con Ruanda. Tras la expulsión del país de los refugiados del trágico enfrentamiento ruandés entre tutsis y hutus, los tutsis banyamulengues de su región emprendieron un movimiento rebelde contra el Gobierno zaireño de Mobutu. Ahí comenzaron sus penurias.
A punto de ordenarse sacerdote, sus superiores le mandaron unos días a casa porque hacía muchos meses que no veía a su familia. “A mi padre le empezaron a acusar de proteger a los rebeldes por mí, por mi condición de sacerdote”, recuerda, “y gente próxima me hizo saber que me tenía que ir de allí porque me perseguían y de rebote a mi familia”.
Llegó a Salamanca
Se lo hizo saber a sus superiores y le fueron a buscar. “Pero no podía salir así como así”. Trataron de burlar a sus vigilantes y con la ayuda de sus superiores emprendió el camino para tratar de alejarse de la región.
Burlando de muchas maneras los numerosos y peligrosos controles, con soldados armados hasta los dientes y para los que la vida de sus enemigos no valía nada, logró llegar en avión hasta la capital Kinshasa y más tarde pasar a la República de Congo, desde donde pudo llegar a Salamanca, donde se ordenó y completó sus estudios de Teología.
Fuente: El Correo Digital
Escrito por refunitees
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